Amigos en alquiler…

A partir de un texto de Toto Aguerrevere

Estoy creando un nuevo modelo de negocio: amigos de alquiler.

Debe ser el negocio del año. Después de tanta peregrinación de gente tan importante en mi vida (muchos piensan igual que yo… son demasiados) ya salir a tomarse algo con alguien se convierte en un monologo. Es más, estoy empezando a pensar que cuando un amigo te dice para tomarse algo contigo es para decirte la fulana noticia terrible: me voy.

Después de que en mis años ver el suelo del aeropuerto era una de las cosas que más me gustaba, hoy se sabe un trago amargo instragrameado, con maletas, zapatos de goma y ningún rostro que devele la tristeza sin expectativa: “me voy porque aquí no tengo futuro… quien sabe si allá”.

Por eso creo que conseguí el nicho de mercado para alquilar amigos por hora… gente seria, decente, que quiera ganarse algo de dinero y conversar, ir al cine (aunque prefiero las pelis quemadas y las cotufas de microondas), quien sabe si beberse algo. Con el tiempo, y con un buen trato, puede que haya unas amistades nuevas que no te cobren tan caro.

Debe tener un app así tipo Foursquare, que diga algo así… “estoy tomándome un café en Mokambo… alguien para conversar?” y bueno que se abran las solicitudes. Con un poco de suerte y algo de gracia, quizás la mesa se llene de gente.

Aunque creo que la cosa de la seguridad está muy complicada. Habría que inventar algo así como un API con la CICPC para que no te toque ningún tipo de delincuente. No sé, una tipa como la banda esa que captaba a sus víctimas por Instagram con sus senos redonditos y su cabellera rubia, obviamente en traje de baño.

Creo que la orientación de esta “red social” debe ser más bien dejar los amigos que se quedan en una especie de comodato. Algo colmo “Me voy, mis amigos que se quedan con estos… para que se conozcan”. Algo así como hizo una amiga de Canadá presentándome por correo a un pana, aunque le recomendé que me para la próxima me heredara una amiga, de las bonitas claro está, pero no… todas se fueron ya.

He pensado mil cosas para inventar. Pero nada se concreta, el hecho es que lo que nos quedamos estamos empezando a darnos cuenta que la gente que queremos ya no está. Y eso nos hace sumirnos en el más profundo desprecio por las discotecas, el licor y las cenas. Por salir a hacer caminatas al Ávila, o terminar en matrimonios de panas que no veras más nunca, porque su plan es hacer una “lunademiel-migración” de un sólo carajazo.

De verdad… aun no sé qué sigo haciendo aquí…

¿Será la esperanza chico?

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